El pendiente
Me dejé un pendiente en tu cama. Se me calló ( o lo dejé caer, no recuerdo). El caso es que era un pendiente de bisutería, (no iba a perder un pendiente de oro), que tonta del todo no soy. Claro que revolcándonos como lo hicimos debería haber perdido los dos pendientes y el rabo. El caso es que me acordé del pendiente cuando bajaba en el ascensor de vuelta a mi casa y me dio pereza volver. Así tengo excusa.
Si quiero volver a verte, te pido el pendiente. -Es que... verás...no es que tenga mucho valor, sólo tiene valor sentimental. Es un regalo de mi mejor amiga, aquella que se fue a vivir a la Patagonia.
Si no quiero volver a verte y tu me llamas con la excusa del pendiente, te diré: - bueno, tranquilo, es un pendiente de la tienda de los veinte duros. Ya me lo darás un día de estos.
Siempre hay que dejar una puerta abierta al destino. Por si acaso.


